Para Salvo, el problema central no es sólo el precio de la carne, sino el deterioro del poder de compra. “El tema no es que la carne está tan cara, lo que pasa es que tenemos los bolsillos flacos”. En su local, el kilo de pollo cuesta $3.500, mientras la carne picada más económica llega a $12.000.
. El carnicero bonaerense resumió así el cambio en la mesa familiar: “El argentino gasta, el argentino es carnívoro aparte, llega el fin de semana y quiere comer el asadito. Hoy no come asado, come falda. Pero la realidad es que no nos alcanza”. También señaló que la compra diaria reemplazó a la compra por kilos y que muchas familias llegan al mostrador con lo justo para resolver la comida del día. En Córdoba, Pepelo coincide en que la búsqueda de precio domina cada decisión. “La gente va con el tema de la plata que no alcanza, también buscando precio. Como dice el colega, se tiran al pollo, al cerdo y, cuando pueden, buscan lo más económico en la carne”.Salvo agregó que “la gente se ha volcado totalmente a cortes mucho más baratos como el pollo y el cerdo, que es casi el 50%”. Ese corrimiento hacia otras proteínas aparece como una de las respuestas más visibles frente a la brecha de precios entre la carne vacuna y sus sustitutos.
El consumo se desplazó de la carne vacuna hacia cortes más baratos y hacia otras proteínas como el pollo y el cerdo (Reuters)Los valores relevados por ambos comerciantes muestran diferencias entre plazas y entre tipos de carne. En Mataderos, según Salvo, el kilo de nalga para milanesa cuesta $18.500, la bola de lomo $15.000, la paleta $14.000 y la colita de cuadril $16.000.
En la capital cordobesa, Pepelo ubicó la nalga de ternero en $20.000, la paleta en $16.000 y la colita de cuadril en $20.000. Según su cálculo, la diferencia con Buenos Aires puede ubicarse entre 10% y 20%, de acuerdo con el corte.
La comparación con otras proteínas es todavía más marcada. Pepelo indicó que en Córdoba un chuletón de cerdo ronda los $6.000, mientras un corte vacuno económico como la aguja llega a $10.000. “Antes no había tanta diferencia. Hace muchos años, el matambre de cerdo y la costilla de cerdo estaban muy parecidos a la carne. Hoy están mucho más baratos”.
Salvo aportó otro dato para medir el esfuerzo que implica sostener el consumo: un asado básico para cuatro personas requiere dos kilos de mercadería y un gasto de entre $32.000 y $35.000 en Buenos Aires. En Córdoba, Pepelo estimó que esa misma comida cuesta entre $38.000 y $40.000.
Los dos comerciantes coinciden en que la baja del consumo está atada al poder adquisitivo. Pepelo sostuvo que “tiene que mejorar un poco el tema de los sueldos, porque la gente llega a mitad de mes y ya está sin plata”. Salvo pidió una mejora en los ingresos y una reducción de la carga sobre los comercios. “Tiene que darle más plata a la gente, bajar un puesto a los comerciantes, porque esto es una cadena. El comerciante tiene que cobrar un poquito más caro porque no cubre los gastos y la gente no tiene plata, entonces no puede comprar” El carnicero de Mataderos detalló además q
Pepelo también reclamó una baja impositiva y advirtió sobre el peso de los servicios y los alquileres. Como referencia, indicó que un puesto de seis por seis metros puede requerir $35.000 mensuales de alquiler.
La escena que describen ambos locales es la misma: la clientela sigue entrando, pero compra menos carne vacuna, prioriza opciones más accesibles y arma sus comidas en función del dinero disponible cada día.
ue mantener el negocio le cuesta entre 25 y 30 millones por mes. Dijo que hoy alcanza para cubrir gastos, pero que esa situación no puede sostenerse durante todo el año. .


