Javier Milei y Toto Caputo festejaron ayer el descenso de la inflación de abril a 2,6% desde la órbita de 3,4% a la que se había remontado en marzo, pero el alivio –que también es el de la población– no oculta los problemas del Gobierno para llevarla a niveles razonables a pesar del dolor social ni la destrucción de riqueza que generan sus políticas.

La administración de extrema derecha se apega a una receta rigurosamente fiscalista y monetarista que gambetea una y otra vez los supuestos del dogma: ni la inflación es únicamente un fenómeno monetario ni el "rezago" de los efectos de la emisión de dinero explica la tardanza en su resolución. Hay en su naturaleza algo del ámbito de lo social y lo político que se les escapa a los economistas que rigorean la Argentina y a un Círculo Rojo que aplaude con llamativa inconciencia.
Ya a mediados de agosto de 2024, Manuel Adorni explicaba que "para nosotros, la inflación es un tema que, desde lo técnico, está terminado". Y hasta no hace mucho, tanto Milei como Caputo afirmaban que, rezago de la política monetaria mediante, el IPC iba a "comenzar con cero a más tardar en agosto".
Ayer, el Presidente dijo en Neura que ese objetivo ahora queda para "mediados del año que viene", en medio de gritos, insultos, injurias y alusiones a la responsabilidad de los gobernantes que no pasan por "cómo me masturbo mejor con un modelo", conjunto que renovó las dudas sobre su verdadera situación emocional. Y no es chicana.

Afirmar que ninguno de esos pronósticos se cumplió no es una crítica oportunista o la búsqueda de lunares en una narrativa que, de hecho, viene divorciada de la realidad desde hace mucho tiempo. Apunta, en verdad, a captar qué es lo que el Gobierno no está viendo y complica la normalización del país y, de la mano de eso, si el tipo de esfuerzo que se está requiriendo de la población tiene o no sentido.
El Presidente se congratuló en X de que el indicador vuelva al sendero de la normalización "a pesar de los intentos golpistas" de sus enemigos. Eso es curioso por introducir, por lo pronto, un ingrediente político a una cuestión que se suponía sólo monetaria.

El jefe del Palacio de Hacienda, por su parte, festejó que el IPC fue el más bajo en cinco meses. Es más, podría agregarse que abril interrumpió una cadena de diez meses de inflación al alza. Sin embargo, hay otras verdades que ponderar.
Sin embargo, si se tiene en cuenta la intervención del Índice de Precios al Consumidor, destinada a subestimar ex profeso mes a mes la realidad, el 1,9% de julio y agosto del año pasado no impiden señalar que el mismo lleva ya justamente diez meses por encima de un piso del 2% que parece muy difícil perforar. Por eso la interanual viene largamente planchada.

Resulta interesante la comparación que realizó la consultora Equilibra sobre los resultados de los tres planes de estabilización más emblemáticos en democracia –el Austral, el de Convertibilidad y el actual–, lo que muestra una divergencia temporal al alza del programa de Milei y Caputo.


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