RIV

0 - 1

BOC
El Monumental quedó bramando con el Chiqui Tapia botón, y despidió al equipo, perdedor, con aplausos. Los jugadores de River, con razón, se quedaron protestando el empujón, evidente, de Blanco a Martínez Quarta en el minuto final. El contacto existió, de mínima era para revisarla en el VAR, que parece estar más para resolver jugadas tontas que para este tipo de situaciones que definen cosas pesadas. En cualquier caso, el final fue un ridículo, un sinsentido. El esfuerzo de River merecía otro compromiso, más serio, y no una lavada de manos de la conducción arbitral.
Pero amén de las polémicas, hubo un partido. Y ahí hubo un ganador claro, serio, conceptualmente merecido, y ese fue Boca, que en una misma mano estiró a 13 la racha sin derrotas, dejó un claro mensaje que se extiende de la Argentina al resto del continente, y que le provocó al equipo de Coudet su primera derrota, una dura, que dejó expuestas algunas falencias en el armado y en el plantel. Para Ubeda es un golpe de escena definitivo, acaso para no dudar más de él hasta que los grandes desafíos marquen su destino final. Dicho en otras palabras: una caída contra un equipo promedio ya no le hará ni cosquillas.
Más allá de los roles y de las posturas, y del plan de juego de cada entrenador, la cautela fue un factor clave en uno y en otro. Porque si bien River claramente fue el que propuso de movida jugar el partido en campo rival, el que se plantó más agresivamente para buscar el gol a través de la elaboración, Chacho planteó sus precauciones. Más que nada, en contener al mediocampo de Boca, que fue el factor central de su levantada en los últimos partidos. Y para eso mandó a Meza como una estampilla sobre Paredes, y también cubrió los receptores alternativos: Galván atento a Ascacibar y Páez a Delgado.
River vs. Boca en el Estadio Mas Monumental (REUTERS).Boca, claro, planteó un partido de contención y contragolpe, pero en ningún momento fue un esquema netamente defensivo (de los que se vieron muchos últimamente en el Monumental) básicamente porque el modelo Sifón tenía un plan de ataque. Claramente fue la idea, con Paredes bien cerca de los centrales, con un esquema corto y en bloque para buscar con salidas rápidas a los tanques de arriba, generalmente a espaldas de los laterales. Pero otra vez, la presión alta de River en el retroceso no le dejaba margen para que los mediocampistas armaran la transición directa.
El "a Boca hay que atacarlo" que se escuchaba en cada metro cuadrado del Monumental, Coudet lo hizo carne por las características de los jugadores puso y por el fisic du rol que el equipo llevó adelante. El asunto es que chocó con un Boca que le adivinó la jugada, un poco porque al planteo le sobró audacia y también previsibilidad. Entonces, los primeros minutos vivaces de River fueron cediendo a la rispidez con que Boca propuso cada duelo, nada que no sea el pan de cada día de estos partidos que ya atravesaron dos siglos.
Entonces, el partido se desenvolvió en un delgadísimo espacio, entre las hendijas de lo poco que cada uno le permitía al otro. Apenas algunos chisporroteos de River con pases cortos y profundos que nunca llegaron a Brey, salvo en el minuto final del primer tiempo, cuando Aranda perdió una pelota en posición de tres y Páez aprovechó para tomar a Boca mal parado y darle la pelota a Salas (ingresó por la lesión prematura de Driussi), que sacó un remate que apenas se fue besando el ángulo derecho.
Leandro Brey terminó con la valla invicta (REUTERS).Boca, en cambio, estaba agazapado, listo para dar el zarpazo. Y la superioridad de Boca pasa a explicarse, ahora sí, desde un Paredes que, marcado y todo, dio muestras de su mira láser que tiene en su pie derecho para habilitar a un Merentiel que siempre conectó para encontrar situaciones. En la primera, a comienzos del partido, el capitán de Boca sacó un pase teledirigido, con Meza literalmente encima de él, y la Bestia no pudo resolver pese a que se acomodó bien entre los centrales de River.
Las dos siguientes se dieron en el final del primer tiempo. En la primera, la Bestia quedó cara a cara con Beltrán, pero su definición de derecha se fue apenas ancha por el segundo palo. Y en la siguiente, otro pase exquisito de Leo conectó con Merentiel, y en su intento desesperado por patear al arco encontró la mano de un Rivero que estaba mal parado y dado vuelta. Paredes, quién no, cambió penal por gol y ahora sí el partido entró en otra dimensión.
Paredes festejó con el Topo Gigio (Foto: FOTOBAIRES).Coudet hizo rápido el mea culpa: el mismo desarrollo del primer tiempo le dejó claro que el medio livianito de River, con dos pibes que todavía tienen acné en los cachetes, había sido determinante para que Boca, no sin esfuerzo impusiera condiciones. El "movete River movete" tardó poco en aparecer, más que nada porque además de Galoppo los que entraron a jugar en River fueron los nervios. Y a Chacho, en definitiva, e partido le quedó al revés: cuando había que meter salió a jugar, cuando había que jugar jugó a meter. Y lo hizo a pura presión y en ese sentido Boca pagó no haber rematado el partido cuando tuvo un par de contras con River sentido y contra las cuerdas.
Así y todo, con la salida de Paredes (producto de una molestia física en el posterior derecho) empezó otro partido, sobre todo para un River que tenía la posibilidad hasta psicológica de encontrar la chispa para dar vuelta la suerte del superclásico. Pero no pudo ser, primó más el apuro, por la tendencia al individualismo (Martínez Quarta lo quería empatar él solo, y casi lo logra) en lugar de insistir por Acuña, que metió tres centros de gol que Salas no pudo aprovechar. Queda la jugada final, que a River le sirve como salvoconducto para maquillar la derrota, pero que no alcanza para empañar el triunfo de Boca, que impuso condiciones desde la firmeza, la inteligencia para plantear el partido y la calidad con lo que lo resolvió desde la jerarquía de su capitán.




