ALGO ESTÁ CAMBIANDO EN TIGRE… Y EL VECINO YA LO SIENTE Por Diego Avancini
(Presidente Bloque La Libertad Avanza Tigre)
Hay cambios que no se anuncian. No aparecen en conferencias ni en placas oficiales. Pero se perciben. Se perciben en una conversación casual, en un mensaje que llega por redes, en esa frase que empieza a repetirse en distintos barrios: “Antes esto no pasaba”. No es enojo. No es confrontación. Es una sensación. La sensación de que algo que funcionaba empieza a aflojar. De que detalles que antes estaban cuidados hoy generan dudas. De que lo cotidiano como la seguridad, la limpieza, el orden, ya no se da por sentado. Y cuando el vecino empieza a sentir esto, es momento de prestar atención.
Tigre siempre fue un distrito ordenado, cuidado en cada rincón. Pero en los últimos tiempos muchos vecinos comenzaron a expresar algo que no es ideológico ni partidario: una sensación de descuido. Incluso en zonas que históricamente estuvieron bien mantenidas. No es una acusación, es una percepción social que merece ser escuchada.
Seguridad: cuando la prevención se vuelve preocupación
En redes, en grupos y en conversaciones con vecinos se multiplican los comentarios sobre hechos de inseguridad que antes eran excepcionales en determinadas zonas. No hablamos de estadísticas frías, hablamos de la sensación concreta de quien llega de noche a su casa y siente que la presencia preventiva ya no es la misma. De comerciantes que relatan robos menores reiterados. De vecinos que piden más patrullaje en horarios específicos.
La seguridad no es un eslogan. Es tranquilidad cotidiana. Bastaría, por ejemplo, con empezar a reforzar patrullaje preventivo en zonas comerciales y algunas zonas específicas, con publicar mapas de calor actualizados para asignar recursos con criterio técnico, con realizar evaluaciones trimestrales de indicadores de respuesta y tiempos de intervención. La prevención no puede relajarse. Nunca.
Limpieza y mantenimiento: lo pequeño también importa
Otro reclamo que aparece con frecuencia es el estado de algunos espacios públicos: acumulación de residuos en ciertos puntos, mantenimiento irregular, baches que se prolongan más de lo razonable. Tal vez no sean situaciones generalizadas, pero sí lo suficientemente visibles como para que hayan comenzado a generar una sensación de abandono incipiente.
Y el deterioro, cuando no se corrige a tiempo, se multiplica.
Cómo no pensar entonces en un sistema digital de reporte vecinal con seguimiento público del estado de cada reclamo, en metas de mantenimiento por barrio con plazos claros, en auditorías periódicas sobre cumplimiento de servicios tercerizados. La gestión no se mide solo en grandes obras, también se mide en lo cotidiano.
Tránsito y estacionamiento: cuando circular se vuelve una dificultad diaria Otro tema que empieza a generar creciente malestar es el tránsito y la falta de estacionamiento. Calles congestionadas en horarios pico, dobles filas permanentes, dificultad para encontrar lugar donde estacionar sin generar infracciones involuntarias. Son situaciones que muchos vecinos y comerciantes vienen señalando.
El crecimiento del Distrito es una buena noticia, pero ese crecimiento exige planificación constante. Tal vez sea momento de repensar esquemas de circulación en zonas críticas, evaluar sistemas inteligentes de ordenamiento vehicular, revisar áreas de estacionamiento o generar alternativas que alivien la presión en determinados corredores. Porque cuando
moverse por la ciudad se vuelve una dificultad diaria, el impacto no es solo vial. Es económico, es social y es parte de la calidad de vida.
Venta ambulante: el impacto silencioso sobre el comercio local
Uno de los temas que más preocupa a comerciantes es la proliferación de venta ambulante en zonas comerciales como la de General Pacheco, en muchos casos proveniente de otros distritos. No se trata de estigmatizar a nadie, sino de proteger a quien paga alquiler, impuestos, habilitaciones y cumple normas. Porque cuando la competencia es desigual, el que cumple pierde. Y el comercio local es empleo, inversión y vida de barrio.
Entonces porqué no preocuparnos por un reordenamiento del espacio público con controles claros y sostenidos, por la necesidad de una coordinación intermunicipal para evitar el traslado del problema entre distritos, incluso hasta la concreción de una Mesa permanente con cámaras de comercio para monitorear la situación. El orden del espacio público no es una cuestión ideológica. Es una cuestión de equidad.
Estas reflexiones no surgen de una mirada aislada. Forman parte del trabajo que venimos realizando en el Concejo Deliberante junto a Juanjo Cervetto, líder de nuestro espacio, y con el equipo técnico y territorial que nos acompaña. Escuchar, sistematizar reclamos y transformarlos en propuestas concretas es parte de la tarea institucional que asumimos, entendiendo que no se trata de señalar ni de confrontar por el simple hecho de hacerlo o por
mero oportunismo, sino con la certeza de que gobernar es complejo y exige decisiones permanentes. Estamos convencidos que cuando la discusión política partidaria ocupa demasiado espacio, existe el riesgo de que la gestión cotidiana pierda foco. Y cuando la política se encierra en sí misma, la calle lo siente. Lo siente el comerciante que baja la persiana con incertidumbre, lo siente la familia que empieza a cambiar rutinas por miedo, lo siente el vecino que paga tasas y espera ver reflejado ese esfuerzo en servicios concretos.
Tigre tiene todo para estar mejor. Tiene recursos. Tiene historia. Tiene vecinos comprometidos. Lo que no se puede perder es la calle. Porque la calle no es una consigna ni un escenario. Es donde se vive, es donde se trabaja, es donde se crían los hijos. Y si algo está cambiando, aunque sea lentamente, lo responsable no es negar esa sensación. Es escucharla.
Cuando el vecino empieza a sentir que algo cambió, la política tiene una sola obligación: volver a mirar la calle. Y no perderla nunca.
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