ES EL BOLSILLO
El Gobierno aplaca el frente cambiario, pero la actividad se plancha. ¿Sin crecimiento hay paraíso? Actividad, empleo y proyecto 2027. La informalidad avanza.
El verano aprieta y el Gobierno parece capear la amenaza permanente del temporal financiero. Sin embargo, la economía real anticipa temperaturas frescas para el año y directamente frías sobre la piel de los argentinos. El proyecto Javier Milei 2027 deberá corregir un modelo yermo e injusto o, al menos, darse una narrativa que lo proteja del desencanto.El frente financiero sonríe. Los tirones a la baja del riesgo país que generaron los dos rescates de 2025 –el del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el del gobierno de Donald Trump – permitieron que grandes empresas volvieran a tomar deuda en dólares: casi 7000 millones de dólares en apenas dos meses. Esto supone un ingreso de divisas que, sumado a las intervenciones oficiales en el mercado de futuros y con operaciones dollar-linked, ayuda a mantener la cotización bajo control.
Mejor aún: estable, el billete verde mayorista quedó 9% por debajo del techo previsto en el nuevo esquema cambiario, lo que da aire y calma las expectativas devaluatorias, mientras el Banco Central ahora cumple con la promesa largamente postergada de la acumulación de reservas.
El riesgo país que les sirve a las grandes empresas privadas no le alcanza todavía al Tesoro para tomar fondos. El mercado dice que falta, pero Milei afirma que no tiene apuro y que los próximos vencimientos, por unos 15.000 millones de dólares en el año, no corren peligro.
Si haber tranquilizado el frente financiero es un mérito de Toto Caputo, su responsabilidad mayor pasa por lo que sigue ocurriendo más allá de los monitores de los traders.
La calle habla.
Tras más de dos años de gestión, la baguala de la herencia recibida debería aflojar. Los últimos datos de actividad, empleo y consumo encienden luces intensamente amarillas y ahí hay que poner la mira para imaginar no sólo la economía, sino también la política de 2026.
Lo que el Gobierno llama "crecimiento" (4,5% acumulado en 2025) es algo que sólo pasa en un puñado de sectores y resulta ajeno a los más importantes para el empleo y la sensación térmica popular. Es, en buena medida, un efecto estadístico que surge de la comparación con un 2024 calamitoso.
El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), anticipo de los datos del PBI, registró en noviembre, ya pasada la incertidumbre electoral y el presunto "riesgo kuka", una caída del 0,3% tanto frente al mes previo como en la comparación interanual. La estadística confirma lo que se siente: la economía ya no crece y el riesgo es el modelo.


