Guillermo Montenegro decidió volver a la Intendencia de General Pueyrredon y ponerle fin a una experiencia en el Senado bonaerense que duró apenas diez meses. El dirigente del PRO retomará el cargo para el que había sido reelecto en 2023 y desplazará nuevamente hacia el Concejo Deliberante a Agustín Neme, que quedó al frente del Municipio cuando el jefe comunal pidió licencia para asumir como legislador provincial.
El experimento comenzó a mostrar fisuras con el correr de los meses. Desde distintos sectores opositores cuestionaron la existencia de una suerte de “doble comando” y reclamaron saber quién tomaba efectivamente las decisiones en General Pueyrredon. A fines de agosto, en el propio Concejo Deliberante, Gustavo Pulti llegó a exigir que Montenegro volviera para “hacerse cargo”, mientras que desde Unión por la Patria acusaron al dirigente del PRO de haber encontrado en su candidatura legislativa una salida antes de que los problemas de gestión se agravaran.
Uno de ellos es la inseguridad. Una sucesión de homicidios ocurridos durante los últimos meses disparó reclamos de vecinos, comerciantes y entidades de la ciudad y obligó a Provincia, Municipio y Nación a volver a discutir medidas para reforzar la seguridad de cara a la temporada de verano. Incluso Patricia Bullrich habló públicamente esta semana de una situación crítica y anticipó la llegada de fuerzas federales.
La seguridad siempre fue, además, una de las principales banderas políticas de Montenegro. Su regreso supone entonces hacerse cargo en primera persona de un deterioro que se produjo mientras formalmente seguía siendo intendente, aunque estuviera en uso de licencia.
El otro frente es económico. Los últimos tres ejercicios municipales terminaron con resultado negativo y solamente en 2025, último año completo con Montenegro en funciones, el déficit financiero consolidado de la administración central y los entes descentralizados superó los 16 mil millones de pesos.
Por eso, el argumento de que regresa simplemente para retomar las riendas de la ciudad tiene una contracara: buena parte de los problemas que encontrará no nacieron durante los meses de gestión de Neme, sino que venían acumulándose desde antes de su partida.
También existió durante todo este período otra discusión: qué buscaba Montenegro fuera de Mar del Plata.
Su candidatura provincial de 2025 fue una de las expresiones más visibles del acuerdo entre el PRO y La Libertad Avanza en territorio bonaerense. Montenegro encabezó la lista libertaria de la Quinta Sección y, una vez electo, se instaló políticamente más cerca del oficialismo nacional.
Incluso circularon durante meses versiones sobre una posible incorporación suya al gobierno de Javier Milei. Hace pocas semanas, el dirigente gastronómico Luis Barrionuevo hizo pública una conversación que aseguró haber mantenido con Montenegro y sostuvo que el marplatense le había manifestado que ya no quería continuar como senador. Barrionuevo también afirmó que al dirigente del PRO le habían prometido lugares en el Ejecutivo nacional que finalmente no se concretaron. Esa versión nunca fue confirmada oficialmente por Montenegro.
Su paso por el Senado, de todas maneras, no fue completamente testimonial. El dirigente presentó ocho proyectos de ley, varios de ellos vinculados con seguridad, régimen penal juvenil, Código Procesal Penal, tránsito y Código Contravencional, además de una iniciativa relacionada con Punta Mogotes. Pero el regreso confirma que su apuesta legislativa, al menos personalmente, tendrá una vida mucho más corta que el mandato de cuatro años para el cual fue electo.
Su salida también obligará a reordenar la representación de la Quinta Sección en la Cámara alta. La Libertad Avanza consiguió tres de las cinco bancas que estaban en juego en 2025: además de Montenegro ingresaron María Cecilia Martínez y Matías de Urraza. La tandilense María Luján Fiego quedó como primera suplente de aquella nómina y aparece en principio como la dirigente con posibilidades de incorporarse al Senado, aunque el reemplazo deberá quedar formalmente resuelto por la Cámara.
En Mar del Plata, mientras tanto, Neme deberá regresar al Concejo Deliberante y Montenegro volverá a ocupar el despacho principal del Palacio Municipal una vez que se completen los trámites administrativos.
Las primeras críticas tras conocerse la decisión llegaron rápidamente. El concejal del Frente Renovador Juan Manuel Cheppi sostuvo que Montenegro “se fue de la ciudad para ponerse el buzo violeta y no consiguió nada para los marplatenses” y enumeró entre los problemas que encontrará a su regreso el cierre de comercios, la crisis turística, la inseguridad y la situación del sistema sanitario.
Más allá de la disputa partidaria, el regreso deja una pregunta política inevitable: por qué Montenegro consideró necesario abandonar la Intendencia en diciembre de 2025 para asumir una banca legislativa y, menos de un año después, entiende que debe dejar esa banca para volver al lugar del que se había ido.
La consultora Mariel Fornoni resumió ese problema al advertir que Montenegro deberá explicar públicamente “por qué se fue y por qué volvió” y cuestionó el esquema que se generó durante su licencia: “Si te corrés de un lugar y hay otro que está a cargo, le tenés que poder dar el poder para que tome las decisiones”.
El regreso ocurre, además, cuando comienza a asomar el calendario electoral de 2027 y la Intendencia ofrece naturalmente un nivel de exposición y capacidad política mucho mayor que una banca en el Senado provincial.
Montenegro volverá así al cargo para el que los marplatenses lo eligieron en 2023. Pero no vuelve al punto donde había dejado la gestión: regresa después de diez meses de ausencia, con problemas que se profundizaron durante ese período pero que en varios casos ya estaban presentes antes de su partida, y con la obligación política de explicar por qué un mandato legislativo que debía extenderse hasta 2029 terminó convirtiéndose en una escala de menos de un año.



.jpeg)