La pelea por el voto del cinco o el diez por ciento de la ciudadanía que definirá la reñida elección presidencial de este domingo en Brasil, con probable extensión a un ballottage el 25 de octubre, exige de tal modo a los equipos de Luiz Inácio Lula da Silva y de Flávio Bolsonaro que el pozo ciego de la campaña se hace más y más hondo.
Difusión de noticias falsas, recortes capciosos de videos y aprovechamiento de escándalos oportunamente difundidos en la prensa casi al pie de las urnas; todo vale.
El fuego cruzado incluye calumnias vinculadas con la pederastia y revelaciones —estas sí de mayor calado— sobre orgías, prostitutas, tráfico de influencias y corrupción al más alto nivel institucional.
Las encuestas siguen arrojando una ventaja moderada para el presidente en la primera vuelta, pero muestran de modo unánime un empate técnico para la segunda, con algunas, como la bien reputada de AtlasIntel, entregando un 50-50 de alto impacto.
Mientras el Tribunal Superior Electoral (TSE) debatía si las redes sociales deberán retirar los contenidos que le atribuyen falsamente a Bolsonaro hijo la intención de retirarle a la Virgen de Aparecida la condición de patrona de Brasil —aprovechados por la campaña del Partido de los Trabajadores—, la disputa descendió a nuevas simas.
Pasá y mirá.
"Un monitoreo de redes de la empresa Palver mostró que las críticas al presidente Lula aumentaron después de que afirmara, al comentar la resistencia masculina a los exámenes de próstata, que 'las mujeres aprenden a someterse al tacto desde pequeñas'. El volumen de menciones negativas sobre Flávio Bolsonaro también creció tras el reporte que reveló mensajes sobre fiestas con trabajadoras sexuales, un Rolex de 305.000 reales y un supuesto cabildeo ante el ministro (del Supremo Tribunal Federal) Kassio Nunes Marques", publicó el portal UOL.
Las cuentas bolsonaristas viralizaron un recorte tramposo de los dichos del presidente sobre los exámenes de próstata para vincularlo con una supuesta normalización del abuso sexual infantil.
Tal vez por eso, los asesores del líder de izquierda le aconsejaron que no acuda al debate entre los candidatos que se realizará esta noche en la Red Globo. La paridad en los sondeos sugería la conveniencia de asistir, pero el temor a que los otros contendientes lo convirtieran en el principal objetivo de sus dardos lo llevó a retirarse.
Las lulistas, en tanto, no dejaron de replicar la pieza de fake news sobre la Virgen y, algo menos caprichoso por vincularse a una denuncia periodística fundada, batieron el parche sobre las explosivas revelaciones de un examigo del presidenciable de extrema derecha, además de exsocio en una franquicia de la chocolatería Kopenhagen.
Se trata de pruebas filtradas del teléfono de Alexandre Santini y publicadas por el sitio de periodismo de investigación PlatôBR.

Según una nota firmada por Rodrigo Rangel, fundador de ese medio —no masivo, sino de nicho, pero de buena reputación—, Santini manejó una caja de dinero negro de Bolsonaro en las elecciones de 2022, en las que este ya era senador por Río de Janeiro y no competía, pero actuaba como una suerte de coordinador de la campaña de su padre, Jair, actualmente preso e inhabilitado por el intento de golpe de Estado que desató después de su derrota.
La relación entre ambos se rompió cuando Santini reclamó una deuda de 1,4 millones de reales, 270.000 dólares al cambio actual, originada tras la disolución de la sociedad. Resentido, puso en marcha ya en 2023 una campaña extorsiva contra el actual presidenciable.
Cuando Santini —cuyo apellido parece elegido por un novelista—comenzó a mostrar sus cartas, Bolsonaro hijo se refirió a ciertas filtraciones que se rumoreaban como falsedades. Ahora, con el tema a pleno en los medios y en las redes, opta por el silencio.
Hace bien. Lo que surge de chats, audios y, parece, hasta fotos no se compadece con su discurso plagado de alusiones a Dios, la familia y los valores tradicionales. Ese filón es el que explotan las cuentas oficiosas de la campaña lulista: la de la doble vida y la hipocresía.

Alexandre Santini, un exsocio despechado de Flávio Bolsonaro, guardó y ahora difundió fotos que muestran al presidenciable con prostitutas en un hotel de Río de Janeiro. (Captura: PlatôBR).
El escándalo tiene tres ejes:



