El último cruzado ideológico de Milei está en la mira por los recientes fracasos del Gobierno. El verdadero motivo del enojo de Karina. Los ataques de nervios del ministro y la emboscada de Toto Caputo. El operativo montado para contener al Presidente
ederico Sturzenegger estaba hecho un manojo de nervios. Aunque le gusta que se lo retrate como un hombre de elevado nivel intelectual y formas refinadas, cuando pierde los estribos es como cualquier hijo de vecino. Aquella noche, a principios de julio, estaba en esa sintonía: venía de defender en medios y redes una ley polémica, uno de esos proyectos estrambóticos que nacen de largas veladas en la Quinta de Olivos, un cóctel que combina latas de bebida energizante y dibujos en hojas blancas de las cuales el ministro suele salir con el apoyo del Presidente para alguna idea que piensan revolucionaria.
Ese ímpetu guevarista suele chocar con varios escollos. A veces esa traba es la realidad, las complicaciones políticas, la falta de números en el Congreso, la zancadilla de los propios funcionarios o legisladores que están hartos de poner la cara por "el Coloso" o el desgaste propio de la gestión, y otras es simplemente la convicción de hierro del ministro.
Por eso aquella noche el funcionario se vio atrapado en el peor de los infiernos: obligado a enfrentar a su propio ego. El tema que había defendido en esos días, con el que pretendía posicionar a la Argentina como el país del futuro de la tecnología de avanzada, era sobre un campo que no conocía en profundidad. Había tenido un puñado de reuniones con especialistas, pero el mundo tech y la inteligencia artificial están lejos de sus campos de expertise. Tan es así que aquel día abrió "X", la red social que más usa, y se topó con largos hilos donde gente que efectivamente había estudiado la materia le marcaba distintos errores técnicos en sus presentaciones. Y verse expuesto en un error fue demasiado para el ministro: a varios de ellos, gente especialista en lo suyo pero que jamás tuvo una función pública o un perfil especialmente alto, les mandó mensajes personales, un "inbox", que incluían insultos y descalificaciones.
.Esta es una postal de la crisis de nervios que atraviesa a Sturzenegger. Pero no sólo a él. Mientras que "el Coloso" se agarra con foristas de las redes, el resto del Gabinete lo elige como el chivo expiatorio del mal presente del oficialismo. Karina Milei, que hace rato lo tiene en la mira, descarga su guillotina sobre él, a la par de que Patricia Bullrich, otra apuntada, también prefiere levantar el dedo acusador hacia el ministro. La culpa ajena es barata y en el Gobierno, que atraviesa una de sus horas más dramáticas, parecería que está de remate.
El 26 de julio del 2017 Javier Milei hizo su debut en el programa que luego lo conduciría a la fama, la mediática antesala de su éxito político. "Animales sueltos", en el canal América, arrancó aquel día a las 23.30 de la noche, bien puntual. Un minuto y 58 segundos después el libertario iba a decir sus primeras palabras en ese show. Iban dirigidas al protagonista de esta tapa.
"¿Quién trabaja mejor? ¿Prat-Gay o Sturzenegger?", le preguntó Alejandro Fantino, en referencia a la interna ya visible entre el entonces ministro de Hacienda y el presidente del Banco Central, que pulseaban entre sí por el control de las variables económicas. La respuesta de Milei fue categórica. "Por escándalo, pero por escándalo, le saca cincuenta cuerpos, Sturzenegger. Le gana por escándalo, y si le llega a salir lo que está haciendo va a ser el mejor presidente del BCRA de la historia", declaró en aquel momento.

Aquellos eran días en los que el libertario atosigaba a Sturzenegger con mensajes incesantes a su celular. "COLOSO", arrancaba cada uno de ellos, todo con mayúscula, como suele usar el libertario para los nombres propios en los chats. El entonces economista mediático le enviaba ideas, propuestas, fragmentos de notas en donde lo defendía, o simplemente quería sacarle charla y aparecer en su radar de atención.
De hecho, por estos intercambios y algún encuentro que tuvieron, Milei contó alguna vez en su etapa como panelista que fue "asesor ad honorem" de Sturzenegger durante el tiempo de este en el Central, una idea difícil de contrastar con la realidad pero que hacía juego con un hecho que en aquel momento a él lo perturbaba profundamente: por sus apariciones constantes en la televisión, donde hasta hablaba de cómo practicaba sexo tántrico o se mostraba improvisando unos defectuosos pasos de baile, ningún liberal "serio" lo tomaba en cuenta. Milei buscaba en figuras como Sturzenegger la validación que toda la vida le costó obtener, en especial en figuras distinguidas del mundo académico en el que era algo parecido a un paria.



