“Si bien el tipo de cambio mayorista encontró estabilidad en torno a $1.492 durante los últimos días, la calma cambiaria no llegó a replicarse en el resto de los activos locales: el equity profundizó la corrección y el riesgo país continuó escalando”, refirió GMA Capital en un informe. “Mientras que el promedio de emergentes se mantuvo estable y los Treasuries tampoco registraron movimientos significativos. La debilidad de los bonos argentinos, por ahora, parece responder más a factores idiosincráticos que a un shock externo”, apuntó.
La cautela financiera también impactó sobre los bonos norteamericanos -dado el nivel de déficit fiscal de la administración central-, que cayeron en precio y cuya rentabilidad -que se mueve en sentido contrario- se elevó a su punto más alto en dos décadas. El rendimiento del bono del Tesoro de Estados Unidos a 10 años se situó en 4,72% anual, mientras que el tramo a cinco años rondó 4,38% y los plazos más largos a 20 y 30 años se ubicaron cerca del 5,31 por ciento.
El contraste se vuelve todavía más evidente al mirar la evolución del año. El GD35 anotaba un retorno directo de 9% en julio, por arriba tanto de Ecuador como del promedio de los emergentes. Desde ese máximo, el precio se desinfló, prácticamente borrando el exceso de retorno versus Ecuador y recortando buena parte de la ventaja relativa que había acumulado durante el primer semestre”, detalló GMA Capital. Y concluyó que “el movimiento marca un cambio de dinámica. Durante el primer semestre, Argentina fue una de las historias positivas dentro de la deuda emergente y capturó una fuerte compresión de spreads. Ahora, ese diferencial comienza a revertirse y los bonos argentinos perdieron terreno”.

Los expertos de IEB precisaron que “la renta fija argentina se despegó del acople que venía mostrando respecto a la volatilidad en el frente internacional”. Consignaron que “el motivo detrás de esto no es claro ni monocausal, y parece haberse combinado un menor apetito por el riesgo que trajo el endurecimiento de las condiciones financieras globales, algunas encuestas políticas acerca de la aprobación del oficialismo de cara a las próximas elecciones; la discusión pública muy metida en la contienda electoral de octubre del año que viene y datos de actividad que, a priori, muestran la vigencia de la economía a dos velocidades”.
Para la Consultora 1816, “marcar los $1.500 como techo de corto plazo también afectó la dinámica de la deuda en dólares, con un mal desempeño reciente en comparación con sus pares emergentes. Lo de los bonos en dólares -y lo de las acciones- seguramente también haya tenido que ver con las últimas encuestas, que sugieren que la aprobación de Milei volvió a mínimos -o a casi mínimos- de su gestión. Los números de actividad no ayudan, porque siguen consolidando la idea de una economía muy heterogénea, con los sectores intensivos en mano de obra sin terminar de recuperarse”.
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