l salto de la extracción en 89% responde a tres variables técnicas:
Ese último punto es el que conecta directamente con la arena.
La fractura hidráulica -el proceso que libera el petróleo y el gas atrapados en la roca de Vaca Muerta- requiere inyectar agua a alta presión para generar grietas en la formación, y luego introducir un agente de sostén que mantenga esas grietas abiertas durante toda la vida productiva del pozo. Ese agente de sostén es la arena. Cada etapa de fractura consume entre 200 y 250 toneladas; cada pozo, entre 12.500 y 13.000 toneladas.
Roberto Lino Blanco, consultor en desarrollo de negocios y logística del sector Oil & Gas con base en Neuquén, analizó las implicancias del nuevo estudio del IAPG sobre la cadena de abastecimiento de arena. Su conclusión central: “el agente de sostén deja de ser un ítem de compras y pasa a ser una variable del recurso declarado”. Si el canal conductivo se cierra, el petróleo queda atrapado en la roca de manera definitiva.
Cada etapa de fractura consume entre 200 y 250 toneladas de arena; cada pozo, entre 12.500 y 13.000 toneladas
Blanco cuantificó ese riesgo sobre la nueva base de recursos. Los pozos completados con arena de menor calidad -la denominada arena de cercanía, extraída en Río Negro y en la propia Neuquén- presentan una pérdida no menor que el 20% de las reservas recuperables, según un estudio comparativo interno que motivó a YPF a retornar a las arenas entrerrianas.
Aplicado ese coeficiente sobre los 30.170 millones de barriles del IAPG, y con una penetración equivalente a la que la arena de cercanía tuvo entre 2019 y 2024 -cuando llegó al 40% del abastecimiento de la cuenca-, el recurso comprometido asciende a 2.414 millones de barriles: unos USD 144.800 millones al precio de referencia de USD 60 por barril.
Según el análisis de Blanco, el costo de la arena en el pozo se descompone así:
El insumo representa el 15% del precio final; la logística, más del 70 por ciento.
Cada pozo de Vaca Muerta requiere entre 12.500 y 13.000 toneladas de arena para mantener abiertas las fracturas que liberan el petróleoSobre ese 15% se concentra, además, la mayor parte de la presión fiscal. El productor que extrae del río tiene un costo directo de USD 16 y vende a USD 22: un margen bruto de USD 6 por tonelada.
Contra ese margen se aplican la guía de tránsito de minerales de Entre Ríos -actualizada a $2.250 por tonelada, equivalente a USD 1,5, un cuarto del margen en un solo tributo-, el canon de extracción, la tasa municipal y la alícuota de Ingresos Brutos. Este último impuesto no grava valor agregado sino facturación, y en esta cadena hay seis facturaciones sucesivas antes de que el grano entre al pozo.
La piramidación resultante ronda los USD 5 por tonelada: el efecto cascada de un solo impuesto provincial supera el margen completo de la actividad que lo origina.
La comparación con el Permian ordena la discusión. La arena en boca de mina cotiza allí alrededor de USD 30 por tonelada, y el flete al pozo -entre 30 y 100 millas (48 y 160 kilómetros) como máximo- agrega entre USD 20 y USD 30. Puesta en el pad: USD 60. La brecha respecto de los USD 145 argentinos no es de calidad ni de eficiencia empresaria.
La brecha es de mapa y de Estado: 1.300 kilómetros que en Texas no existen porque la mina está adentro de la cuenca, y una superposición de ventanillas fiscales que allá tampoco existe porque el mineral se mueve dentro de una sola jurisdicción (Blanco)
La arena de Ibicuy tiene un 86% de cuarzo, grano redondeado y bien seleccionado -el río Paraná operó durante milenios como planta de beneficio natural-, con características comparables a la arena de duna eólica del Permian.
“La brecha es de mapa y de Estado: 1.300 kilómetros que en Texas no existen porque la mina está adentro de la cuenca, y una superposición de ventanillas fiscales que allá tampoco existe porque el mineral se mueve dentro de una sola jurisdicción”, escribió Blanco. Cuando el Permian enfrentó el problema del tráfico pesado en rutas rurales -el mismo que hoy atraviesan los corredores locales-, en enero de 2025 inauguró una cinta transportadora de decenas de kilómetros para mover arena sin camiones. La lógica fue la opuesta a la argentina: si el desgaste vial es el problema, se elimina la causa en lugar de arancelar el síntoma.Vaca Muerta va a demandar alrededor de 8 millones de toneladas de arena en 2026. Las proyecciones de la industria ubican esa cifra en torno a 12 millones hacia 2030. Traducido a movimiento: unos 685 camiones diarios hoy, que hacia el final de la década serán del orden de 1.030 diarios. Y ese flujo no es parejo ya que las técnicas de fractura simultánea implican consumir entre 40.000 y 50.000 toneladas por locación en 25 días, lo que equivale a entre 50 y 60 camiones diarios para un solo set de pozos, multiplicado por la cantidad de equipos operando en paralelo.
La brecha con la demanda ya es visible este año y se ampliará en 2027, cuando la desaparición del valle estacional de actividad obligue a la cadena logística a operar sin descompresión por primera vez en la historia de la industria argentina
La capacidad de procesamiento actual -sumando las plantas de lavado activas en cabeceras areneras- alcanza entre 6,5 y 7 millones de toneladas anuales. La brecha con la demanda ya es visible este año y se ampliará en 2027, cuando la desaparición del valle estacional de actividad obligue a la cadena logística a operar sin descompresión por primera vez en la historia de la industria argentina.
El sector que tiene que invertir para cerrar esa brecha es el arenero, el eslabón más pequeño y más fragmentado de toda la cadena.
Según el análisis de Roberto Lino Blanco, ese sector trabaja con un margen bruto de entre USD 4 y USD 6 por tonelada antes de impuestos, y el capital para canteras, plantas de lavado, almacenaje y flota debe salir de ese margen.
“La presión fiscal que impide la inversión termina produciendo exactamente el encarecimiento que la inversión hubiera evitado”, advirtió el consultor. El resultado es una espiral que se retroalimenta: si la capacidad de lavado no acompaña, el mercado se estrecha, el precio de la arena sube y ese aumento no lo captura ninguna provincia, lo paga la operadora, se traslada al costo del pozo y erosiona la competitividad de Vaca Muerta frente a las cuencas con las que compite.

