
El agua cae y cae. Su incidencia sube y sube. La tormenta le puso otro condimento a un encuentro con un libreto bien marcado: Francia intentando, Irak aguantando y Kiki siendo determinante. Más allá de las fórmulas, las planificaciones y las tácticas para pararlo, el 10 volvió a ingeniárselas, tal como lo había hecho en el debut contra Senegal.
Antes de que la primera gota se hiciera presente en el Lincoln Financial Field, Les Bleus salieron decididos y mentalizados en golpear de entrada. Didier Deschamps metió algunas variantes para tratar de ajustar las clavijas: tres cambios en relación al primer duelo y la presencia de Dembélé arrancando por el sector derecho para la aparición de Olisé apenas unos metros atrás de Mbappé.
Francia dejó en claro que quiere dar pelea en la Copa del Mundo, que quiere tomarse revancha del golpazo que recibió hace poco menos de cuatro años en Qatar. Sus individualidades asustan. Y si bien todavía no mostró grandes facetas colectivas, le alcanzó para golear. En esa ecuación, Kiki, siempre Kiki, le hizo honor a la cinta de capitán, emuló lo hecho por Leo Messi pocas horas antes contra Austria, se hizo cargo de la responsabilidad de tomar las riendas.
A los 14 minutos del primer tiempo, Mbappé saltó el pie para romper con la resistencia de Ahmed Basil y con el 4-5-1 que planificó Graham Arnold para abroquelarse. Y luego de las dos horas de demora que hubo tras el primer tiempo por la activación del protocolo por las tormentas eléctricas, el equipo se soltó aún más. Un grosero error en la salida de Irak le regaló la pelota a Dembélé, quien no se desesperó y asistió a Kylian para estirar la diferencia y sellar su segundo grito.



