Toto Caputo pide más recaudación, pero el Presidente patea en contra. ¿Una interna más? Elecciones, inflación y crecimiento: el trilema de hierro.
Javier Milei le pide a Toto Caputo resultados imposibles dentro de su esquema económico. El modelo, frente al espejo.
A la mamushka de internas, que incluyó la sugestiva difusión de presuntas conversaciones íntimas, ahora se suma la fricción entre Javier Milei y nada menos que Toto Caputo. Cuando el Gobierno ya prepara la economía para las elecciones de 2027, sus lógicas chocan en un punto nodal: ¿se puede sostener el ajuste perpetuo sin comprometer la reelección?
Una definición que el ministro dejó en una entrevista con el programa Economía de Quincho pasó inmerecidamente por debajo del radar. Según el funcionario, "ahora tenés que recaudar más porque seguir generando superávit (fiscal) vía ajuste ya es muy difícil. Estamos en un nivel de gasto a nivel de Tesoro (nacional) de 15 puntos del PBI, el nivel que había en los 90 y casi diez puntos menos del pico de hace ocho años", dijo.Ocurre que, sin solución de continuidad, el jefe de Estado anunció el jueves una rebaja de las retenciones para el trigo y la cebada –pasarán del 7,5% a 5,5% el mes que viene– y, "según lo permita la recaudación", de entre un cuarto de punto y medio punto por mes para la soja a partir de enero. "Si somos reelectos, hasta 2028", advirtió. También se desgravarán exportaciones industriales, aseveró.
Es más, prometió menor gasto público para seguir devolviéndoles recursos a los argentinos que, en verdad, deberían aportar por su situación privilegiada al sostenimiento de servicios esenciales para la mayoría.
En concreto, el mandatario dio por tierra con las intenciones renovadoras de Caputo, quien –saludo uno, saludo dos– completó el viernes, en conferencia de prensa, la determinación presidencial, especialmente llamativa en momentos de precios internacionales elevados y de problemas para contener al monstruo de la inflación.
A lo dicho, el funcionario debió sumar beneficios análogos para maíz, sorgo y girasol, mientras que dio por confirmado el sendero decreciente para la soja, de manera de dejar la alícuota en 21% al final del actual mandato. El costo fiscal, calculó, será de 57 millones de dólares este año, de 530 millones el próximo y de 1200 millones para 2028, cuando no se sabe quién estará en la Casa Rosada.
"Vemos que la recaudación ya está dando señales de crecimiento", se consoló el jefe del Palacio de Hacienda. Más le vale: sólo eso haría que la merma autogenerada de la recaudación no se tradujera en más recortes para todos y todas.
Es plausible señalar el carácter abstruso de los derechos de exportación por penalizar actividades que generan divisas. Se supone que las ganancias excedentes de quienes venden productos al exterior deberían generar percepciones extra a través del impuesto a las Ganancias, pero el detalle es que el gobierno que tiene como norte la maximización de la acumulación de capital en un mercado libérrimo también socava los gravámenes progresivos.
Como se dijo, la decisión presidencial dio por tierra con lo dicho por su mano derecha económica y tiende, populismo para ricos mediante, a consolidar la base electoral más fiel a la extrema derecha en la Argentina rural.
Javier Milei endulzó el jueves los oídos de la audiencia rural con una baja de retenciones. Sin embargo, el sector pide más.
Las visiones económicas y las necesidades políticas de los presidentes suelen chocar con las posibilidades de sus ministros. Ahora, con las elecciones generales a menos de un año y medio, Milei –como cualquiera de sus predecesores– le pide absolutamente todo al plan económico: superávit fiscal, reducción de impuestos en beneficio del Círculo Rojo que lo respalda, una desinflación más veloz –incluso mediante heterodoxias ajenas a su dogma y, acaso, de patas cortas– y mejora de la actividad interna que resulte perceptible para los sectores medios y populares. Es más: impone sus condiciones, pero la duda es si la realidad puede darle todo lo que desea.
Javier Milei le pido a Toto Caputo que el plan económico le dé políticamene resultados que, por diseño, no está en condiciones de entregar. El ministro sufre.
Lo que Caputo advierte –consciente de que el IPC de 2027 muy difícilmente sea, incluso con viento a favor, menor al 20%– es que eso no es posible todo junto y que preferiría priorizar el ancla inmodificable del superávit –sin la cual hasta el aval del FMI volaría– y el nivel de actividad.
Aunque haya sido desoído, el ministro de Economía está en lo cierto. Su definición sobre el final del ajuste vía gasto se produjo, no casualmente, inmediatamente después de que dispusiera, debido justamente a la caída de la percepción de gravámenes, un recorte extra de 2,5 billones de pesos, 1,6% del Presupuesto vigente. Para hacerlo, tocó todavía más la inversión en educación –cuando el universo universitario volvía a colapsar las calles de las principales ciudades del país– y hasta partidas para la prevención y tratamiento del cáncer.
Además, avanza en el Congreso un recorte de los subsidios al gas para las zonas frías que dolerá en varias provincias.
El filo de la motosierra ya llegó al hueso de la sociedad, lo que se comprueba cuando se examina lo que queda del gasto no indexado, sobre todo vinculado a jubilaciones y programas sociales fundamentales para que todo el esquema no vuele por el aire.
Ante las dificultades, que podrían crecer el año próximo si el mercado financiero ponderara, como es probable, que el peronismo no está fuera de carrera, Caputo activa el inflador de expectativas y habla de un "crecimiento feroz" que haría no sólo que Milei fuera reelecto, sino que dejaría claro ese escenario mucho antes del momento del voto, lo que reduciría a cero la incertidumbre preelectoral. El hombre elige creer, acaso porque no le queda otra.
Los datos del rebote de actividad de marzo, conocidos el último jueves, provocaron euforia en el Gobierno, pero la realidad es que delinean, mes a mes, un sendero de vuelo de gallina, un serrucho al que meses de caída siguen meses de recuperación. Es más, el mismo viernes se conocieron proyecciones poco prometedoras sobre abril.


