Tal como se esperábamos, el INDEC –incluso intervenido como está para subestimar mes a mes el índice de inflación mediante el sostenimiento de una metodología vetusta– le dio ayer a Javier Milei y a Toto Caputo la peor noticia: el IPC de marzo, de 3,4%, emperó las proyecciones privadas, quedó clavado como una estaca en el corazón de la narrativa oficial y obliga al Gobierno a asegurar que, contra lo que parece, todo marcha acorde al plan. ¿Es así?
Los datos duros indican que, como se preveía, el incremento de las naftas de más del 20% desde el inicio de la guerra en Irán en el último día de febrero, impactó plenamente en el mes, aunque quedó diluido en el ítem amplio de Vivienda, agua, electricidad y otros combustibles. En tanto, Educación superó, desregulación mediante, toda medida con un impresionante 12,1% y el sensible rubro de Alimentos y bebidas se ubicó en el mismo nivel que el elevado promedio. La inflación núcleo, que anticipa tendencia por excluir precios estacionales o regulados, cerró en un inquietante 3,2%.



