Fernet con rosca
La caída del Presidente en las encuestas abre un margen a las provincias. Llaryora y sus pares, claves en la reforma electoral que se definirá en el Congreso.
La conclusión que empieza a tomar forma en el cordobesismo es política antes que estadística: si el Presidente pierde potencia, se reabre el juego para las provincias y el debate sobre el futuro de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) se vuelve una obsesión.
Los cálculos son simples. La mejora de la microeconomía puede ocurrir, pero la Casa Rosada necesitará más de tres meses para recuperar lo que perdió. Llegará el momento clásico de la política: generar las condiciones necesarias para sellar la continuidad en el poder.
“Milei va a tratar de bajar las PASO, pero no va a poder”, sentencian peronistas y algunas voces opositoras que prenden velas para que la falange violeta los toque. “Hay que ver el tamaño que tiene ese dedo”, dicen guarros peronistas.
¿Por qué Milei no va a poder organizar un presente griego para el atomizado colectivo que alguna vez definió como casta? En principio, necesita mayoría absoluta a su favor en la Cámara de Diputados (129 votos) y en el Senado (37 votos) para lograr la reforma electoral. Gobernadores, sean bienvenidos a la mesa de la negociación.
Si eso ocurriese, los mandatarios provinciales que están en la vereda contraria -pero tienen que decirlo bajito para no espantar a sus votantes- ejercerán su arte. Dirán con elegancia (o no): Milei, devolvé la plata que le sacaste a mi provincia y no compliqués mi reelección.



