El Gobierno buscó presentar el fallo de la Cámara de Apelaciones de Nueva York por YPF como un punto de inflexión. No era para menos: el tribunal anuló la condena de 16.100 millones de dólares contra la Argentina y dejó sin efecto la orden que obligaba a entregar acciones de la petrolera. Para una administración urgida por mostrar resultados políticos y económicos, se trató de un alivio mayor. Javier Milei lo celebró como una victoria histórica y procuró apropiarse de ese resultado con una cadena nacional y una nueva ofensiva verbal contra Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof.
Sin embargo, el fallo no alcanzó para modificar el clima político de fondo. Marzo terminó dejando un Gobierno menos ordenado de lo que pretendía mostrar la Casa Rosada, con varios frentes sensibles todavía abiertos y con un problema adicional: la dificultad oficial para convertir una buena noticia judicial en autoridad política duradera. El alivio por YPF llegó, pero no consiguió tapar el desgaste acumulado por los escándalos, las internas y la pérdida de control sobre la agenda pública.



